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Oposición en redes: igual que los partidos

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Un fenómeno curioso se está presentando en el terreno de las redes sociales. Quienes estaban y están en desacuerdo con todo lo que huela a López Obrador, toman caminos diferentes, dispersan esfuerzos y se enfrentan entre sí, más o menos similar a lo que sucede con los partidos políticos que fueron derrotados el pasado 1 de julio. 

Sin rumbo

La historia de cómo se construyó la plataforma de las “benditas” redes sociales que ayudó a López Obrador a llegar a la presidencia, se puede resumir de la siguiente manera.

Tuvieron la paciencia para construir todo el andamiaje necesario para impulsar una candidatura. Se puede ubicar el inicio del esfuerzo en el año 2000, con la llegada del hoy presidente electo a la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal.

Prepararon a quienes se encargaron de hacer realidad la estrategia, creando cuentas de apoyo, comunidades virtuales y logrando una coordinación eficiente gracias a medios como Telegram o WhatsApp para girar instrucciones e intercambiar puntos de vista.

Impusieron una disciplina para que los ánimos particulares se apaciguaran y se atendiera la estrategia, por encima de aquellos que piensan que también son conocedores del medio.

Se difundían pocos temas, asegurando así que el mensaje fuera eficiente y logrará el objetivo de convencer cada vez a más ciudadanos, teniendo en mente que estaban sembrando para cosechar hasta una o dos elecciones más tarde.

Asimismo, crearon influencers —es decir, cuentas que gracias al número de seguidores, alcanzaban a influir en el ánimo de la gente provocando el resultado esperado, sea aceptar una idea o realizar una acción—, que apoyaron la campaña en el momento adecuado, además de relacionarse con periodistas, académicos, gente del espectáculo y del deporte que les ayudó —consciente o inconscientemente— en su cometido.

Difunden los contenidos de los medios afines o de aquellas plumas que podían ayudar a alcanzar sus objetivos, incluso promoviendo la discusión para amplificar este tipo de mensajes.

En paralelo, alistaron a las cuentas que se encargarían, como buenos troles, de inhibir la crítica o de desviar las conversaciones públicas hacia el terreno que querían.

Todo lo anterior dio como resultado que los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto salieran derrotados en el ámbito de las redes sociales y de la opinión pública, algo en lo cual ayudó también la incompetencia en materia de comunicación social de ambas administraciones.

¿Qué sucede, mientras tanto, con la oposición?

A pesar de las evidencias de que esto se estaba preparando y de que cada vez este movimiento ganaba más espacios, prácticamente no se hizo nada, no sólo para contrarrestarlo, sino para equilibrar el terreno de juego.

Los partidos no prepararon gente para aprovechar todo lo que representan las redes digitales, pero cayeron en las garras de asesores que sólo hicieron negocio y no aportaron votos para sus causas, como se pudo apreciar en la derrota panista de 2012 o en este 2018.

En cuanto a los ciudadanos que ahora buscan levantar la bandera opositora en esta transición, se pueden apreciar esfuerzos aislados que padecen de impaciencia por ver resultados.

Cada grupo, quizá inspirados en la guerra de guerrillas, saca al campo digital sus temas, generando un abanico de asuntos que influyen poco en la opinión pública, a menos que se den algunas raras coincidencias que hacen que episodios como la licencia de Manuel Velasco sea puesto en la agenda.

Pero se trata de victorias efímeras.

Luego cada quien regresa a hacer lo que considera conveniente, manejando los temas que cree deben estar en la discusión pública, pero sin una visión estratégica por lo que todo se queda en la coyuntura.

Se trata de grupos poco disciplinados, con intereses diversos, sin una coordinación clara y que sólo tienen en común el rechazo al tabasqueño, por lo que en la mayor parte de las ocasiones que interactúan en redes sociales, los mensajes viscerales son la constante.

Claro que esto se explica porque se trata de ciudadanos que buscan servir de contrapeso al nuevo gobierno, quienes tienen que robar tiempo a sus actividades cotidianas, pues a diferencia de los activistas del bando contrario, aquí se participa voluntariamente.

Además, tienen que soportar el acoso de los troles y la nueva táctica de denuncias masivas para cerrar cuentas, en una nueva forma de censura que se practica incluso con la omisión de las empresas de redes.

Pero esto no significa que no obtengan resultados, pues están aprendiendo, no sólo a organizarse sino a dejar atrás sus diferencias.

Con una curva de aprendizaje más acelerada, en 2019 pueden ser la piedra en el zapato del lopezobradorismo, que se puede convertir en un gigante con pies de barro.

El tiempo nos mostrará el siguiente capítulo de esta historia.

 

Del tintero

La austeridad, que fue promesa de campaña, puede que no se haga realidad. Cosas de pasar de borracho a cantinero, dicen.

@AReyesVigueras